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Zapatos

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¿Qué? ¿Pensabais que me había olvidado? Un poco sí, pero ya avisé que no podía prometer periodicidad; ya sabéis que no es lo mío. Sin embargo seguimos con la idea de organizar y de disminuir la cantidad de cosas que tenemos en casa. Aunque el alijo de manualidades tenga una manera mágica de recargarse periódicamente. Pero ese es otro tema.

Hace unas semanas, el pomelo se hartó. Con toda la razón, debo añadir, porque en casa tenemos algunos puntos negros y uno de ellos son los zapatos. No es que seamos Imelda Marcos (y aquí es donde me imagino a todos los menores de 30 años googleando como unos desesperados. Por eso no os pongo el enlace a la Wikipedia. Googlead, googlead, malditos.) pero es inevitable que siendo cinco haya una cierta acumulación. Más aún cuando de los cinco, uno es deportista y necesita botas de tres tipos diferentes y zapatillas de cinco. Y cuando otra es escarabajo pelotero y conserva zapatos de cuando tenía veinte años (y unas botas amarillas de cuando tenía seis. Que sigo conservando.) De hecho llegamos a la conclusión de que los pompones estaban dentro de una media respetable, porque destrozan tantísimo los zapatos que no hay mucha opción de conservación.

Pero en fin, que cuando el pomelo dijo: «Hoy vamos a organizar los zapatos», solo le pude decir que sí. Suya fue la idea de apilarlos en el comedor. Una buena idea, añado. Porque aquello de «divide y vencerás» es totalmente cierto: los zapatos nos tenían colonizados desde diferentes rincones de la casa. Juntarlos fue un recordatorio visual de la cantidad de cosas que llegamos a acumular. Y nos dio hasta un poco de vergüenza:

Esos son todos los zapatos que había en casa (nótese el tiempo pretérito).

Es imposible juntar todos estos zapatos en una pila de estas características y no tirar al menos una tercera parte. Máxime cuando empiezas a ver esos típicos zapatos que NUNCA te pones. Ahí, junto con los dos pares que tienes destrozadísimos porque no te los quitas jamás, hay diez pares que están intactos. Está claro que hay que tomar una decisión.

Y la tomamos y fuimos llenando nuestras bolsas, una para tirar, otra para donar. Tal que así:

No se trata únicamente de los zapatos. Este es un ejemplo de lo que para nosotros es un agujero negro. A lo mejor para vosotros es otra cosa: maquillaje, material de cocina, revistas, bufandas… yo qué sé. Cada uno con sus obsesiones.

Vamos, que el truco de esta semana para organizar es reunir todo el material acumulado en un solo sitio, cual montaña mágica. Es la única manera de darte cuenta de todo lo que tienes y de valorar si realmente quieres quedártelo. De ver si realmente lo usas todo, si realmente quieres que todo eso ocupe un espacio en tu casa.

Hay que preparar dos bolsas/cajas, una para tirar y otra para donar. El resto, lo que nos quedamos, se va guardando en su sitio. Y hay que hacerlo inmediatamente, nada de dejarse unos días para pensar, porque si no, no hay purga. Al cabo de unos días todo te vuelve a dar pena y no tiras nada.

Hay quien dice que se puede hacer una tercera bolsa/caja de cosas dudosas, que después se cierra y se guarda en un armario durante seis meses. Si transcurrido ese tiempo no se ha tocado, se tira o se dona. Yo no soy muy amante de esta última bolsa/caja porque no tengo espacio para guardarla y porque además creo que se puede hacer el ejercicio al revés: ¿has usado esa cosa en los últimos seis meses? ¿En el último año? Si la respuesta es no, no hace falta meterla en una caja seis meses más.

En fin, que de eso se trata. Sigue un poco la filosofía de la colección de discos que os conté aquí. Si no escucho ese disco casi nunca… ¿quiero que esté cogiendo polvo en una estantería? Pues no. Y tampoco quiero que lo hagan los zapatos, ni los libros… ni los abrigos:

Con ellos seguimos después de los zapatos. ¿Os acordáis que os dije que hacer purgas era adictivo?

13 Comments
  • Patrizia
    Posted at 08:21h, 25 octubre Responder

    ¡Justo ayer pensé en esta sección tuya! Uff… y hoy he visto los zapatos de verano en un rincón y me he dicho a mí misma: "a ver cuándo me pongo". Pero qué pereza, señorita. Porque no es tan fácil: los zapatos del niño (no todos) los guardo por si le valen a su hermana en un futuro próximo; los de la niña por si se los vendo/regalo a alguien, por si le valen el año que viene… y al final, ¿qué tiro? Pues poca cosa, me parece a mí. Con las chaquetas ídem, aquí es capítulo aparte pq las usamos prácticamente todo el año, y hacen falta finas, gordas, de entretiempo, de lluvia finas, de lluvia gordas, cortaviento, forro polar, de esquí, de guapo, de guarro para el jardín… ¿Sigo? Sin cortar las que heredamos de los primos y cosas así. Lo malo es que tenemos sótano, ergo sitio para acumular (horror). Y yo no soy de las que se proponen "mañana a recoger", sino que tengo que tener el día. Pero entonces que tiemble todo, porque sin compasión! Anteayer sin ir más lejos hice tabula rasa con la ropa de invierno de los enanos, y qué aireados han quedado los armarios! Lástima que la fiebre me dé sólo 3-4 veces al año :(… Enhorabuena otra vez.

    • Paula
      Posted at 09:57h, 25 octubre Responder

      Bueno, no voy a mentir, a mí también me va a rachas, no es algo que me salga naturalmente todos los días (qué más quisiera yo!). Pero sí que es verdad que una vez cambias de manera de pensar, es más fácil. En este momento debo tirar más o menos el triple de cosas que tiraba hace un par de años. Y espero que dentro de poco eso aumente y estemos hablando de cuatro o cinco veces más.

      Yo ya no guardo cosas para vender/regalar más adelante. Ropa pequeña: bolsa para amigas con hijos más pequeños y que salga de casa lo antes posible. Ropa en buen estado: bolsa para ONG o para tiendas benéficas de segunda mano. Cosas rotas: basura. Es que si no se me llena la casa de bolsas en espera y es peor el remedio que la enfermedad.

      Pero si usas las chaquetas no está mal guardarlas. El problema es la acumulación. Si hay rotación y se usa todo, pues no es un problema. El tema sería tener ocho bañadores para cada niño si en tu zona sois más de chaquetas, ¿no? A mí al final es que me pasan ropa de otros niños mayores y tengo que hacer limpieza y decidir qué me quedo y que no.

      Por suerte no tenemos sótano, si no… Besos mil!

  • misperendengues
    Posted at 09:10h, 25 octubre Responder

    jaja, con los peques no hay problema porque o lo estropean o les queda pequeño, pero yo tengo, o mejor dicho, tenía, ropa desde el instituto. Hice una limpieza de esas que te quitan kilos de encima y me siento muuucho más ligera, jeje

    • Paula
      Posted at 09:58h, 25 octubre Responder

      Jajajaja! Yo guardaba (no sé si todavía la tengo) la camiseta de mi equipo de baloncesto cuando iba a 8º de EGB. A veces vuelvo a purgar las mismas cajas y cajones porque cosas de las que no podía separarme hace unos meses, ahora son perfectamente prescindibles…

  • sonietaSun
    Posted at 13:07h, 25 octubre Responder

    Tengo cierta tendencia a la acumulacion. Vamos qe lo guardo todo. En mi proceso de cambio no se bien hacia donde pero seguro a mejor, estoy empezando a ordenar y por lo tanto tirar montañas de cosas.
    Justo he empezado y voy lenta, pero te sientes muy a gusto e incluso mejora tu tránsito intestinal O_O

    Patunarru wapa

    • Paula
      Posted at 14:07h, 26 octubre Responder

      Sí, sí, cuesta mogollón y al principio vas muy lenta… pero luego le pillas el truco y no puedes parar. Yo voy por el piso mirando aquí y allá si puedo tirar algo más, organizar algún cajón, gastar algo… Lo encuentro súper liberador.

      Petonarro!

  • Sònia de Entre Harinas
    Posted at 13:29h, 25 octubre Responder

    Tots tenim una Imelda Marcos dintre. Hi ha qui més. Jo convisc amb dos "basurillas". Només dir-te que suporto un casc i un escut greg que van ser utilitzats fa més de 10 anys com a disfressa. El freaky gran, el meu fill no el freaky vell, la meva parella a qui pertany el casc, guarda tots els peluches de la seva historia vital. Entre d'altres moltes coses. I jo sóc una esquizofrènica de l'ordre. A la que un got es queda buit, opps desapereix. Total que ho porto molt malament. Tenim una habitació dels mal andreços que m'ataca els nervis i a vegades m'ataca llançant-me objectes. Es diu Serafina, perquè era on vivia l'antiga criada dels anys 30. Pobra ànima. Jo de tan en tan faig bosses. Davant la histèria col.lectiva a casa. I em produeix una pau interior brutal. I faig feliç a la gent a qui ho dono. Però és clar no arribo, no s'acaba mai.

    • Paula
      Posted at 14:17h, 26 octubre Responder

      Bé, és clar, els que hem de fer el canvi mental som els diogeneros. Vull dir que si ells no estan convençuts de llençar coses, no s'hi pot fer res. Jo he après, perquè sóc molt acumuladora, però mica en mica vaig entenent que hi ha coses que no tornaré a fer servir, que ja han complert el seu propòsit, o que no cal que guardi. M'ha costat molt, dóna'ls-hi temps, potser van canviant mica en mica.

  • Maite
    Posted at 21:40h, 25 octubre Responder

    Que ejercicio tan liberador
    Mi casalo necesita ya peromarido y yo somos muy diogenes y tenemos un camarote muy grande…
    Besos

    • Paula
      Posted at 14:18h, 26 octubre Responder

      Yo también soy diógenes, por cada cosa que os enseño hay treinta mil más agazapadas en algún rincón, esperando para atacar… Pero bueno, poco a poco. Yo he aprendido que me siento mejor y más tranquila (y trabajo mejor y tengo más paciencia) cuando hago espacio, tomo decisiones, tiro cosas. Pero es un proceso continuo, no te puedes despistar nunca. Besotes!

  • Koki
    Posted at 22:42h, 25 octubre Responder

    Yo lo hago dos o tres veces al año con la ropa. Lo que está en buen estado se lo suelo regalar a una amiga (el año pasado le di un montón de vestidos de punto, porque yo con ellos parecía una bola y a ella le quedan bien porque está delgada). Lo que no vale para dar, le quito los botones, lazos y adornos, y a la basura. Este año quiero hacer lo mismo, pero poniéndome de acuerdo con mi amiga y sus compañeras de piso, y organizar una especie de trueque entre nosotras.

    • Koki
      Posted at 22:42h, 25 octubre Responder

      Y confieso que tuve que googlear a Imelda.

    • Paula
      Posted at 14:24h, 26 octubre Responder

      Lo del trueque está genial! Es muy buena idea. Yo también le doy caña a la ropa, pero con la mía me cuesta más que con la de los pompones, por ejemplo. Yo también la paso toda a otra gente o la reutilizo para coser otras cosas. Vamos, que hay que reciclarlo todo.

      Jajajaja! No sé qué haríamos sin Google…

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